9Oct 07

La regulación de los videojuegos es una asignatura pendiente de los padres

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Gracias a las herramientas de desarrollo actuales para cualquier plataforma de entretenimiento digital en forma de videojuegos, éstos pueden alcanzar unas cotas que no serían imaginables en su aplicación en la vida real. Esto es, que la situación más caótica, violenta, inverosímil, sangrienta, sádica y/o como queráis llamarlo puede darse en un videojuego. La base para meter más o menos contenido de este tipo se calcula a partir de la naturaleza propia de cada juego y de sus expectativas de venta. Admitámoslo, la violencia en cualquiera de sus formas, vende. Y si esa violencia o contenido inadecuado está al alcance de los menores, es culpa de los padres.

Cada día aparecen nuevas formas de proteger a los menores de muchos factores perjudiciales para ellos; para muestra, la ley antitabaco y la protección en las máquinas expendedoras, porque por lo visto los cartelitos de prohibición no han servido para nada. Pero en cambio, un menor puede acceder a un bote de sosa cáustica en cualquier hipermercado. Afortunadamente, en ese caso es muy probable que alguno de los padres o tutores estén cerca para evitar un accidente.

Pero las barreras de los padres hacia los menores en cuanto a videojuegos son nulas, porque los padres no tienen ni la más remota idea de lo que juegan los pequeños de la casa, pura y simplemente. España es un país donde distinguir si los videojuegos son o no adecuados para los menores es extremadamente fácil; basta con buscar los iconos de regulación para que mediante un vistazo conozcamos el contenido de la aplicación y la edad recomendada para su uso. No hay más.

Los padres deben empezar ya mismo a saber a qué juegan y como juegan sus hijos; que se olviden de darles el dinero y que vayan a por lo que quieran; que se olviden de los lloros “porque los de la clase ya lo tienen”; que se olviden de lo que les recomienden los amigos y conocidos y que pasen olímpicamente de lo bien que pinten a los videojuegos los vendedores, puesto que muchos van a comisión. Fijaos en las etiquetas negras que están en prácticamente todos los videojuegos y decidir a partir de ahí. Los comportamientos de los niños derivados de los videojuegos no existen si se les educa correctamente y si se les inculca que son solo eso, videojuegos ficticios, y si juegan con productos acordes con su edad y con moderación.

Otro aspecto son las armas que puede tener cada menor a su alcance aparte de la compra de un videojuego, como ejemplo, internet. El padre que ponga internet en casa “porque ayuda a los niños en sus estudios” está en un error en parte. Internet es un buffet libre de lo más escabroso para cualquier edad, y el conducto estrella para conseguir casi cualquier cosa. ¿Algún padre se ha entretenido a averiguar cómo ha conseguido ‘eso’ con lo que juega? Yo creo que muy pocos. Si no son los hijos, serán los amigos de los hijos quienes consigan ese juego donde tenemos que matar todo lo que se mueve acompañados de esa chica de busto tan apetitosamente desproporcionado como atractivo y tan ligero de ropa.

Invito a los padres a que abran los ojos de una vez; estamos en plena era del ocio digital donde se puede conseguir casi cualquier videojuego, los hijos aprenden muy rápido, se manejan en la red como pez en el agua y ningún menor es 100% inocente. Y para fuera de casa y a la hora de comprar algún videojuego, informaos, implicaos y sobretodo mirad las etiquetas de regulación y contenido, que no están puestas ahí para hacer bonito.




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